ESTÁ MI ALMA SEDIENTA
De tu costado abierto
ha florecido un manantial de vida,
pese a que estabas muerto.
¡Oh magnífica herida
que a todos a beber de ella convida!
Está mi alma sedienta
de esa fuente de amor de tu costado.
Ya nada la contenta
ni tan ansiosa ha estado,
ni tiene ya en su afán otro cuidado.
Añora la salida
de este cuerpo que la ata a lo terreno;
ni quiere ya más vida
que el reposar sereno,
sin anclas y sin lazos y sin freno.
Las aguas de la tierra
nunca su ardiente sed
podrán saciarle;será constante guerra
debiendo de buscarle.
Dale tu luz para que pueda hallarle.
¡Oh dulce Jesús mío!
Viéndote ahí clavado se acrecienta
de mi alma el desvarío.
Sin Ti mi sed aumenta.
Dame a beber de tu agua que apacienta.
Los nexos terrenales
sólo me hablan del bien que se me esconde
y se cifran mis males,
mientras la tierra ronde,
en buscar sin saber cómo ni dónde.
Mi corazón se duele
con gran dolor por no encontrar tu fuente.
¡Ay! Déjalo que vuele
con un deseo ingente
allá donde el dolor ya no se siente.
Allá donde tu vida
da origen a la Vida y se reparte;
¡Oh misteriosa herida
que vino a lacerarte
para que de ella a todos puedas darte.
Heriberto Bravo Bravo SS.CC
De tu costado abierto
ha florecido un manantial de vida,
pese a que estabas muerto.
¡Oh magnífica herida
que a todos a beber de ella convida!
Está mi alma sedienta
de esa fuente de amor de tu costado.
Ya nada la contenta
ni tan ansiosa ha estado,
ni tiene ya en su afán otro cuidado.
Añora la salida
de este cuerpo que la ata a lo terreno;
ni quiere ya más vida
que el reposar sereno,
sin anclas y sin lazos y sin freno.
Las aguas de la tierra
nunca su ardiente sed
podrán saciarle;será constante guerra
debiendo de buscarle.
Dale tu luz para que pueda hallarle.
¡Oh dulce Jesús mío!
Viéndote ahí clavado se acrecienta
de mi alma el desvarío.
Sin Ti mi sed aumenta.
Dame a beber de tu agua que apacienta.
Los nexos terrenales
sólo me hablan del bien que se me esconde
y se cifran mis males,
mientras la tierra ronde,
en buscar sin saber cómo ni dónde.
Mi corazón se duele
con gran dolor por no encontrar tu fuente.
¡Ay! Déjalo que vuele
con un deseo ingente
allá donde el dolor ya no se siente.
Allá donde tu vida
da origen a la Vida y se reparte;
¡Oh misteriosa herida
que vino a lacerarte
para que de ella a todos puedas darte.
Heriberto Bravo Bravo SS.CC





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