NO DEJES DE MIRARME...
Encendiste la llama de mi espíritu triste
con tu sola presencia, con tu sola figura
e hiciste de mi vida la más bella escultura
con tantas bendiciones con que me bendijiste.
Ya estaba mi amargura como un maligno quiste
colándose en mis venas y en toda mi estructura
y al derramar tu gracia sobre mi desventura
huyeron mis tristezas nomás porque me viste.
Bendita tu mirada, Señora, siempre sea;
en ella se recrea mi corazón a solas
lo mismo que en los mares se recrean las olas.
No dejes de mirarme, por más que no te vea.
Si Tú me ves, me siento seguro y protegido
y lleno de tu gracia, María, y bendecido.
Encendiste la llama de mi espíritu triste
con tu sola presencia, con tu sola figura
e hiciste de mi vida la más bella escultura
con tantas bendiciones con que me bendijiste.
Ya estaba mi amargura como un maligno quiste
colándose en mis venas y en toda mi estructura
y al derramar tu gracia sobre mi desventura
huyeron mis tristezas nomás porque me viste.
Bendita tu mirada, Señora, siempre sea;
en ella se recrea mi corazón a solas
lo mismo que en los mares se recrean las olas.
No dejes de mirarme, por más que no te vea.
Si Tú me ves, me siento seguro y protegido
y lleno de tu gracia, María, y bendecido.
Heriberto Bravo Bravo SS.CC





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