Te quiero. Lo dicen luceros y estrellas.
Tal vez te querría desde pequeñuelo.
Lo sé porque cuando miraba del cielo
las nubes, estaban tus ojos en ellas.
Voy siempre siguiendo tus místicas huellas
y en mis soledades encuentro consuelo
igual que de noche, cuando me desvelo
bajo los relámpagos, bajo las centellas.
Mas no fue tan sólo mi infancia dorada.
Te quise de niño y en mi pubertad
también yo te quise. Te sigo queriendo.
Llegó ya la tarde. Se fue la alborada.
Tu imagen asoma con la Navidad
y sigues en mi alma de nuevo naciendo.
Heriberto Bravo Bravo SS.CC





