lunes, agosto 31, 2009

TU VOLUNTAD, SEÑOR


Tu voluntad, Señor, es mi sustento,

es mi verdad, mi luz y mi camino.
Tu voluntad mi gloria, mi destino
y en mis momentos de flaqueza, aliento.

Es claridad para mi entendimiento,
para mi sed de amarte, dulce vino.
Sólo ante Tí mi corazón inclino,
cúmplase en mí tu voluntad al ciento.

Cuando me acose la tribulaciòn
y estè cargado de aflicciòn y penas,
hàgase en mì tu voluntad, Dios mìo.

Si en tu proyecto está mi salvación
nada me importa estar entre cadenas
pues no de mí, sino de Tí me fìo.

Heriberto Bravo Bravo SS.CC


TUS PALABRAS SON DULCES


Tus palabras son dulces a mi oído,

un banquete de goces celestiales,
son alivios de penas y de males,
son, en fin, mi alimento preferido.

Si de tanto trajín estoy herido
por andar en caminos sepulcrales
y son tantos y tan descomunales
los pecados con los que te he ofendido,

Tú, Señor,como buen samaritano
de tu cielo desciendes a mi lodo
y pronuncias mi nombre con ternura.

Me levantas, me tomas de la mano
y en tus brazos encuentro mi acomodo
pues tu dulce bondad todo lo cura.

Heriberto Bravo Bravo SS.CC

viernes, agosto 14, 2009

¡OH MADRE, VIRGEN MARIA!


¡Oh Madre, Virgen María
que nos das al Salvador!
nunca nos niegues tu amor,
¡oh Madre, Virgen María!

Por donde ella caminaba
la gracia de Dios fluía.
Ni noches ni sombra había
por donde ella caminaba.

Todo lo que ella miraba
se cubría de belleza
y era un mundo de pureza
todo lo que ella miraba.

Hasta el sol se doblegaba
al paso de la doncella
que era Virgen y tan bella
que hasta el sol se doblegaba.

Ante ella, la misma luna
que le servía de alfombra,
era tan sólo una sombra
ante ella, la misma luna.

Ella siempre sonreía
porque con Dios siempre andaba,
y tanto, tanto lo amaba
que ella siempre sonreía.

Su sonrisa era oración,
su oración era sonrisa
y como a la flor la brisa,
su sonrisa era oración.

¡Ay, los mirlos, los canarios,
si la oyeran cuando canta...!
cerrarían su garganta,
¡ay, los mirlos, los canarios!

Se hizo esclava del Señor
para entregarnos su vida;
¡ay, nuestra Madre querida,
se hizo esclava del Señor!

Se hizo Madre, siendo Virgen
y Virgen fue siendo Madre.
Por un designio del Padre
se hizo Madre, siendo Virgen.

Obra fue del Santo Espíritu
su concepción milagrosa.
Se abrió el botón y fue rosa;
obra fue del Santo Espíritu.

Heriberto Bravo Bravo SS.CC









NI LA CRUZ ME PESA



Siempre con la mirada en las estrellas
y en la pupila el fascinante asombro,
siempre en los labios con los que te nombro
una oración que anula mis querellas.

Una sonrisa al descubrir tus huellas
en medio de los cardos y el escombro
y una gloriosa Cruz que sobre el hombro
llena de fe mis inquietudes bellas.

Pesa la Cruz, lastima, cala, hiere;
pero al seguir tras de tus pasos muere
su pesadez y su cansancio y cesa

todo dolor y el peso se aligera.
Deja, Señor, que con tu Cruz me muera,
que al ir contigo, ni la Cruz me pesa.



Heriberto Bravo Bravo SS.CC (Derechos reservados)

LA FE : REGALO DE DIOS




¿No quieres ver un lucero
que brilla por todas partes
y que vive tan lejano
para que nadie lo atrape?

Ven y verás cómo luce
que hasta parece un diamante;
ven a ver cómo a la noche
con su brillo la deshace.

Mira cómo se distingue
su luz fulgurante y grave,
tan solemne entre los astros
que parecen inclinarse

reverentes y sumisos
como vasallos leales,
al tiempo que parpadean
de júbilo en su homenaje.

Ven, corre, que llega el día
y ya no podrá mirarse
y como una flor sin agua
comenzará a marchitarse.

De luto estarán las nubes
rondando por todas partes
y de luto mis suspiros,
mi corazón y mi sangre.

Puede ser que el horizonte
con su arrebol de granate,
semeje brasas ardientes;
pero a punto de apagarse...

Ven pronto conmigo, amiga.
Ven pronto conmigo, madre.
Venga conmigo quienquiera
que quiera regocijarse.

Después de ver el lucero
ya no querrán ver a nadie,
porque después del amor,
después del amor...¡quién sabe...!

¿Cómo saber qué hay después
si no lo supimos antes?
¿Será que vive tan lejos
para que nadie lo atrape...?

Heriberto Bravo Bravo SS.CC

miércoles, agosto 12, 2009

OFERTORIO


Señor: vengo a ofrecerte mi vida cotidiana,
horas largas de tedio, días llenos de lodo,
rutinas de una noche que añora la mañana,
mis sueños inconclusos, necesidad de todo.

Toma esta vida llena de innúmeros trajines,
de fatuas presunciones en mi alma almacenadas.
Esta alma que añorando tus místicos confines,
a Ti, mi Dios, eleva confiadas sus miradas.

¿A dónde iré, Dios mío, si mi vida prosigue
por las calles vacías en las cuales el mundo
como un mercado ofrece vagatelas ajenas?

Ven ya, Señor. La angustia de la nada me sigue,
me persigue la sombra de un amor infecundo
que se va a la deriva y acrecienta mis penas...

Heriberto Bravo Bravo SS.CC (Derechos reservados)

ANHELO DE DIOS

Escuchando una triste sinfonía
una noche de luna nacarada,
tu divina presencia presentía



y a través de los astros, tu mirada.
El murmullo del viento acompañaba
a la música aquella delicada



y al fundirse con ella sollozaba
con sollozos que al alma estremecían
a la par que su voz se propagaba.



¡Cuántas luces del cielo se prendían
como antorchas en largas procesiones
que en lejano horizonte se perdían!



¡Qué encontradas y santas emociones
suscitaban la música y el viento,
alejando inquietudes y tensiones!



Pude entonces llevar mi pensamiento
hacia el Reino de Dios. Cerré mis ojos;
la ventana cerré de mi aposento



y con viva intención caí de hinojos
invocando tu Amor con mis plegarias
y soltando la rienda a mis antojos.



Era un mundo de cosas sedentarias,

arraigadas en mí tan hondamente

como extensas raíces milenarias.



Se tornó aquella noche, de repente,
luminosa, radiante, inmaculada,
con un brillo sublime y envolvente.



En aquella mansión tan elevada,
una pléyade de ángeles había
como esencia en fulgores transformada.



Con mis ojos cerrados, no sabía

si dormido soñaba o si despierto

o era todo agitada fantasía.



Lo que puedo afirmar, porque es muy cierto,
es que, luego de abrirlos, la alborada
ya bañaba las rosas de mi huerto.



Ya no estaba la luna nacarada,
se dejó de escuchar la sinfonía;
pero pude aprender que tu mirada



en las rosas aquellas se encendía
y tu voz majestuosa persistía
en el hálito mágico del viento.



Heriberto Bravo Bravo ss.cc