
Gracias Señor porque le diste besos
a mis sedientos labios de caricias,
gracias pues sé que son de las delicias
a las que no les faltan aderezos.
Gracias por esos labios finos, gruesos,
que se estrujaron como las primicias
contra mis labios dando las albricias
del corazón a pasos más espesos.
Porque en mí florecieron ilusiones
cual florece la miel en los panales,
para el alma sustento de sustentos
y porque para unir los corazones,
son los besos tan prácticos y tales,
que es la parte mejor de tus inventos.
Heriberto Bravo Bravo SS.CC



