sábado, octubre 17, 2009

LOS PUERTOS DE TU AMOR



Aunque tengas tus brazos siempre abiertos
y tu frente de espinas coronada
y aunque toda tu sangre derramada
haya sido cual lluvia en los desiertos,

no es tu Reino, Señor, el de los muertos,
ni es la Cruz para siempre tu morada,
porque toda tu vida nos fue dada
para guiar nuestras naves a tus puertos.

Puertos son de tu Amor, de luz, de gloria
y de resurrecciòn y de bonanza
y el Espìritu Santo nuestro faro.

Es tu Cruz de los hombres la memoria
y tus brazos abiertos la esperanza
que nos hace sentir bajo tu amparo.

Heriberto Bravo Bravo SS.CC


EL MOTIVO DE MI FE


Aunque en amores poco persuasivo
resulta ser mi corazón, anhelo
con viva fe de tu bondad el cielo
que es de mi sed el principal motivo.

De esta prisión en donde estoy cautivo
como semilla oculta bajo el suelo,
quiero escapar y tanto me desvelo
que ya no sé vivir si en Ti no vivo,

Más que discursos racionales, gimo,
y más con lágrimas que con palabras
toco a tus puertas para que las abras.

Tú sabes ¡oh Señor! que me deprimo
lejos de Ti, sin brújula, vacío
igual que lejos de la mar el río.

Heriberto Bravo Bravo SS.CC

PADRE NUESTRO QUE ESTAS EN EL CIELO


Padre nuestro que estás en el cielo
y estás en la tierra y en todo lugar,
santifiquen tu nombre los hombres,
las flores del campo, los peces del mar
los peces del mar,
los peces del mar,
los peces del mar.


Santifíquenlo luna y estrellas
y el bello arco-iris, la lluvia al cantar,
la mañana, la tarde y la noche
y en el firmamento la luna al brillar,
la luna al brillar,
la luna al brillar,
la luna al brillar.


Haz que venga a nosotros tu reino
que es reino de vida de gracia y verdad;
que en la tierra al igual que en el cielo
rendidos estemos a tu voluntad,
a tu voluntad,
a tu voluntad,
a tu voluntad.


Danos hoy nuestro pan de cada día
que nos llene de fuerza y de valor.
Danos hoy nuestro pan Eucaristía
que es tu cuerpo y tu sangre, Señor.


Multiplícalo para nosotros
que seguimos tus pasos, Señor,
porque estamos hambrientos de Evangelio
buena nueva de paz y de amor.


Y perdónanos nuestras ofensas
como hacemos nosotros, Señor,
perdonando a quienes nos ofenden,
desterrando del alma el rencor.


No nos dejes caer en el pecado
ni nos dejes caer en tentación.
Del maligno, Señor, ven a librarnos
pues es tuyo nuestro corazón,
nuestro corazón,
nuestro corazón.



Heriberto Bravo Bravo SS.CC