Te invoco con la sangre enardecida
y un grito que se torna en alarido
haciendo de memorias y de olvido
el vasto itinerario de mi vida.
Te invoco con la boca enfurecida
sintiéndome por ti desprotegido
y a cambio muy de sobra abastecido
de penas donde el alma yace herida.
Tú sabes cuánto, cuánto te he buscado
con golpes de oración sobre tu puerta
con llanto contumaz de rebeldía;
e igual como caballo desbocado
corrí por el desierto la desierta
respuesta que en tus labios se dormía.
Heriberto Bravo Bravo SS.CC



