¡Cuánta pena me dan los criminales,
los que siegan la vida del hermano!
¡Cuánta pena me da que el ser humano
pueda hacer lo que no los animales!
Cuánta pena me da que en infernales
actos nunca soñados por gusanos
asesinen y vivan tan ufanos
ignorando designios celestiales.
Llevan siempre en su frente la señal
de Caín y el rencor en su mirada.
No le temen a Dios porque no saben
nada, nada de Dios. Aman el mal.
Satanás es su sino y es su espada
y en el cielo sin duda que no caben.
Heriberto Bravo Bravo SS.CC
viernes, enero 16, 2009
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