Tu luz ¡oh luna pálida y lejana!
se oculta de repente bajo el velo
de nimbus que semejan terciopelo
e invaden tu belleza soberana.
El rezo que en mis labios se desgrana
y en ínclitos suspiros llega al cielo
no alcanza ni me sirve de consuelo
y toda imploración se torna vana.
¿En dónde estás, Señor? ¿por qué me escondes
tu rostro? mira cómo mis hermanos
haitianos mueren bajo los escombros.
Explícame por qué. ¿No me respondes?
Y el buen Jesús, librándose las manos
volvió a cargar la Cruz sobre sus hombros.
Heriberto Bravo Bravo SS.CC
domingo, enero 24, 2010
S.O:S HAITIANO
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