Era así, cristalina y silente;
su belleza era así, clara y bella.
Si la vieras, tal vez en la estrella
tú podrías pensar, de repente.
Era de esas que el alma presiente
como un rayo de luz y en su huella,
como todos prendábanse de ella,
se quedaba el amor floreciente.
Era azul como un mar transparente,
sin doblez y sin mancha. Era pura,
con aquella pureza que atrae,
dulce, tierna, pacíficamente,
con igual sutileza y ternura
del rumor de una hoja que cae.
Heriberto Bravo Bravo SS.CC




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