sábado, agosto 18, 2007


A MARIA



Por el amor más santo y más divino
de la mujer más pura, humilde y bella,
por la Madre de Dios brilla la estrella
en mi alma de la fe y en mi camino.


Si la dejo de amar me falta el tino
y huye la paz que yo alcancé por ella;
todo mi ser se antoja una querella,
una nave sin rumbo y sin destino.


El mismo corazón se torna inquieto,
sin gracia, sin amor y sin decoro.
Perderla me convierte en esqueleto.


Entonces a mi madre vuelvo y lloro
y en esta mi oración hecha soneto,
bajo su manto me refugio de oro.


Heriberto Bravo Bravo SS.CC

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